martes, octubre 30, 2007

Cuentos, puros cuentos

De vuelta a la urbe
Es difícil volver a Santiago después de doce años viviendo en el norte. La cosa es diferente: mucha gente que va, viene, te empuja y no te mira. Autos, gran cantidad de ellos se ven pasar por calles, avenidas y pasajes. La vida se torna una vorágine (sin) sentido y con ella me quedo, aunque el aire esté contaminado y los niños boten la basura por la ventana del bus.

Secretos nocturnos
De a poco el sol asomó tímidos rayos de luz que alejaron la bohemia de la calle y le daban la bienvenida al ajetreo, los codazos y el ceño fruncido.
Los perros volvieron a escarbar en la basura; los vagabundos también. Y ahí, en una de las habitaciones del motel cercano a la Alameda, estaba el señor del sombrero sentado a los pies del cuerpo ensangrentado de quien, por diez mil pesos, le había permitido indagar en su alma.

Llamadas (in) esperadas
Voy caminando por el asfalto citadino, ensimismada en mis cordones desatados, cuando suena mi teléfono.
- Señorita seria, ¿es usted?
- Sí, al menos eso dice mi carné.
- Le tenemos una noticia. Mañana le caerá un trocito de sol el que llegará a sus ojos e iluminará su alma, logrando que todos dejen esa eterna fila para abordarse a sí mismos.
- ¿Qué formulario tengo que llenar? - dije incrédula mientras miraba mis desgatadas zapatillas.
- Ninguno. Sólo tiene que cerrar los ojos, ya que posee buenos fantasmas a su alrededor. Sólo cierre los ojos y espere ese trozo de sol.
Foto: Google

viernes, octubre 12, 2007

Vicente Gaspar Allende González

Vicente Gaspar
Fecha de nacimiento: 11 de octubre de 2007
peso: 3.509 gr.
talla: 50 cm.
Les presento a mi sobrino, el primer nieto de la familia.
foto: Vidde

miércoles, octubre 03, 2007

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Miles de sensaciones pasan por su cabeza a la hora en que el reloj marca justo el o'clock.
Tres hormigas se pasean presurosas por el marco de la ventana; una de ellas muere al ser aplastada por la pata del gato que aprovecha el rato en que la cortina hace fantasmas con el viento para entrar en la casa.
Tras el portón las micros pasan una tras otra de ida. Ninguna de vuelta.
Un par de lágrimas refuerzan su dolor de cabeza que hace que su piel palpite como si dentro del cerebro se gestara la más genial de las ideas.
Los ojos cerrados y la sien turbulenta. Hombros agarrotados y un sentimiento de amargura que es imposible de borrar.
Foto: google